Una vez más, el veterano Ramón Ramírez tiene la encomienda de sellar los partidos, ahora con los Toros del Este

Ramírez, quien se encuentra en su novena campaña en el béisbol invernal dominicano y por primera vez, reforzando un equipo distinto a los Gigantes del Cibao, se siente comprometido en la búsqueda de la tercera corona taurina. 

“Con los Toros se vive un ambiente de unidad. Le doy gracias a Dios que me ha dado la oportunidad de estar en salud y ser parte de ellos”, expresó Ramón Ramírez a Lidom.com 

“Vine aquí con la responsabilidad de ayudarlos y daré el cien por ciento para lograrlo”, indicó Ramírez, quien fue seleccionado por los romanenses, en el pasado sorteo de nativos luego de la descalificación del equipo de San Francisco Macorís en la contienda invernal. 

El nativo de Puerto Plata sabe que el momento de colgar los spikes casi esta llegando, pero antes quiere irse saboreando el néctar de otra corona. 

“Uno no se quisiera irse pero es un momento que va a llegar. Depende de Dios, pero estoy preparándome para cuando llegue ese momento. No puedo decirte una fecha específica, pero casi estamos en camino. Ahora, lo que si te puedo decir es que después de tantos años, quiero dejar mis huellas en este equipo y en los jóvenes que vienen subiendo”, resaltó Ramón, quien jugó por primera vez con los Gigantes en la campaña 2002-2003.

Justamente, ese legado de dejar a otros en mejores condiciones de lo que los encontró, es una de las leyes de vida de Ramírez, quien desde que tomó la desicion de convertirse en un jugador profesional, ayudar a los demás es una norma. 

“Amo lo que hago. Pero, la parte más importante que tengo como persona es ver a estos jóvenes crecer, poder conducirlos por un buen camino, como he hecho con Jeurys Familia, Jesús Liranzo, Raynel Espinal y otros jugadores más, ademas de algunos norteamericanos”, indicó Ramón, quien firmó con los Vigilantes de Texas en 1997. 

Para Ramón, quien se ha convertido en un cerrador estelar en esta liga, la vida no siempre le ha sonreído. No obstante, esa calma y tenacidad que transmite cada vez que recorre el camino hacia el monticulo, han sido sus principales armas para continuar un arduo camino que lo llevó a debutar en Grandes Ligas. 

“Me siento agradecido con Dios. Verte allá arriba, después de nada. Cuando me firmó Texas, me dejaron libre al año siguiente y tuve tres años fuera de béisbol”, sostuvo el serpentinero que originalmente, fue firmado como jardinero. 

“Sentí que no tenia muchas oportunidades como bateador, así que decidí hacer el cambio a lanzador pero mientras esa oportunidad llegaba, tuve que trabajar limpiando pisos y en la Coca Cola. A pesar de todo, nunca dejé de practicar”, manifestó Ramírez, quien jugó para 11 conjuntos en La Gran Carpa. 

“En 2001, tuve la oporutniodad de entrar a la escuela de los japaoneses en San Pedro. Luego, me enviaron a Japón y comencé a jugar profesionalemtne con ellos. Jugué un año y luego me cambiaron para la Liga Americana en el 2002”, quien debutó en Las Mayores con los Rockies de Colorado en la temporada 2006. 

Con 37 años, y con un anillo de campeón en el béisbol invernal dominicano, Ramírez antes de lanzar el último partido de su vida, anhela poder brindarle un campeonato a los romanenses, y más adelante, otra sonrisa de victoria para el equipo de los Gigantes, que le dieron la oportunidad de convertirse en un cerrador de mil batallas. 

“Cuando uno atraviesa por momentos difíciles nadie cree en uno. Pase lo que pase, siempre voy a creer en Dios. Agradezco a los Gigantes, por ayudarme a demostrar en este torneo mi capacidad, y ahora con los Toros, que me dieron el chance de venir aquí. Aquí estamos comprometido por traer la tercera corona”, agregó Ramírez, de 37 años.